Los alimentos y las mil maneras de no querer pagarlos

Por la Dra. Guadalupe del Pilar Guerrero – Socia en ASB Abogados

Uno de los temas más difíciles de abordar para los abogados que ejercemos el derecho de familia en forma cotidiana es el tema de los alimentos.

 

La fijación de la cuota de alimentos por parte de la autoridad judicial nunca satisface a ninguna de las partes, porque cuando se llega a tal instancia, significa que fracasó la instancia de conciliación.

 

Con lo cual exigir luego el cumplimiento judicial de dicha cuota establecida por un tercero extraño al vinculo familiar hace que el cumplimiento de la misma sea de poco a escaso en el mejor de los supuestos. 

 

En el más común de los sentidos, la primera conclusión a la que podríamos arribar es que ningún progenitor/a debería recurrir a la justicia para lograr el cumplimiento de la obligación alimentaria para la prole compartida.

 

Esto que ya es de por sí, una obligación moral, debería descartar el sin fin de obstáculos por los que en líneas generales deben atravesar las madres para lograr una adecuada colaboración económica de estos padres a los que se debe enjuiciar para logar la tan mentada ayuda económica para solventar los gastos de sus hijos, que no son más que los hijos en común.

 

En el presente caso a comentar, una pareja se separó de hecho en el año 2017 y desde tal fecha el alimentante no aportó dinero alguno a la madre de sus dos hijas, quien se encuentra al cuidado exclusivo de las mismas. El progenitor, no solo vivió por el periodo de dos años en el exterior, sino que, a su retorno, tampoco se hizo ni se hace cargo en la actualidad de sus hijas.

 

El único pago que realiza es el correspondiente a la institución educativa . Pero es importante recalcar que el pago de la educación lo realiza con el producido del alquiler de un inmueble ganancial que unilateralmente recibe el Sr. sin rendir cuentas a la madre de las menores, es decir la parte correspondiente a la sra. no le es entregada.

           

Iniciado el correspondiente reclamo sobre la cuota de alimentos para sus hijas menores, con obligación de pago al padre de sus hijas,  el demandado, al margen de argüir diferentes defensas técnicas mal interpuestas,  se resiste en todo tiempo a pagar la cuota de alimentos provisorios fijadas por V.S. , intentando manifestar que les brinda como parte de la cuota de alimentos la vivienda (en su porción correspondiente), y el pago del colegio al que asisten sus hijas, cuando en realidad el colegio es abonado con el fruto civil del alquiler del inmueble ganancial por el cual no rinde cuentas.

 

También y como parte de un ofrecimiento macabro, ofrece como cuota de alimentos para sus hijas, la parte del departamento que le corresponde pero lo brinda como embargo preventivo, es decir, lo pago, pero no lo pago ahora. Sino que con este sistema podrían cobran las chicas la cuota de alimentos en unos diez años, con mucha suerte, hasta llegar a un monto que sea ejecutable un inmueble de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por no decir la conocida frase “los chicos no comen ladrillos”. Es decir, no lo paga.

 

Contestado el oficio que interpela a la consultora de primera línea en donde el alimentante trabaja por más de 10 años, informan que el progenitor no reviste la calidad de empleado y por lo tanto no tiene un recibo de haberes mensuales para informar a V.S., negando a su vez todo tipo de información requerida sobre el demandado.

 

Finalmente, y luego de varios cruces con oficios y diligencias judiciales, a la consultora no les quedó más alternativa que informar que finalmente el padre de ambas menores, facturaba, y lo hacia en forma mensual, desde muchos años atrás, con facturas correlativas, con cifras que claramente cubrían y en exceso la exigua cuota provisoria estimada por la Juez actuante.

 

Lo novedoso del fallo, y el logro obtenido, radica en que a pedido de parte, finalmente se logró que la Sra. Juez ordene sin más trámite el embargo ejecutivo sobre la facturación de este individuo, hasta el monto de la cuota de alimentos provisoria ordenada en autos, designando a la empresa – pseudo empleadora – como agente de retención, la que deberá retener mensualmente la suma indicada  de la facturación que el demandado realice por los servicios profesionales prestados a la empresa.

 

Es muy importante resaltar las actitudes que todos los actores del presente caso y la evolución en el tiempo jurídico que nos compete a todos:

 

La actora, madre de las niñas asumió como un mandato propio, que debía sostener, educar, cuidar, alimentar a sus hijas, y que esta era su obligación.  Pasó mucho tiempo hasta que se creyó con derecho y se animó a peticionar ante las autoridades correspondientes.  Hoy, el cuidado y la obligación de criar , educar, formar y sostener a los hijos es de ambos padres. Así esta establecido en nuestro Código Civil y Comercial de la Nación y no hay discusión posible sobre tal cuestión, con lo cual y a su vez, esta madre además tuvo a su cargo y mantiene a la fecha el cuidado exclusivo de sus hijas. Esto de por si sola la habilita no solo a peticionar una cuota de alimentos, sino a peticionar un plus económico por el tiempo adicional de cuidado que el padre no cubre.

 

El demandado, quien al margen del reproche ético o moral, por su comportamiento para con sus propias hijas, ideó una defensa inútil e infructuosa nada más y nada menos que para no pagar la cuota de alimentos provisoria destinada únicamente a procurar la ayuda al pago de los gastos necesarios y urgentes de ambas jóvenes.

 

Es de resaltar que la defensa del mismo se valió en la añeja premisa que al mismo, nada podrían probarle, porque el demandado no tendría trabajo, o no tendría trabajo en relación de dependencia. Y añejo el pensar que solo la madre debía y debe hacerse sola cargo de todo los referente a sus hijas, sin él tener que prestar colaboración en nada que no le concierna.

 

La Sra. Juez, que no solo supo interpretar las nuevas herramientas jurídicas que el nuevo código civil y comercial nos brindó a partir de la reforma, sino que a pedido de esta parte se animó a ir más lejos, y a ordenar medidas conducentes, innovadoras y apropiadas a fin de garantizar los derechos de las menores que son la prioridad en todo este entramado jurídico a resolver.

 

Ojalá en lo sucesivo contemos con más magistrados que se animen a innovar con medidas conducentes que garanticen el primer derecho de cualquier niño, que es el derecho a tener una vida digna, entendida ésta, como una vida que les asegure a todo niño el derecho a tener sus necesidades básicas cubiertas, por aquellos que son los primeros llamados a tal misión, sus padres.

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