Divorcio, cirugía a corazón abierto

Por la Dra. Guadalupe del Pilar Guerrero, Socia de ASB Abogados

Dejar un matrimonio da miedo, uno construye una vida alrededor de alguien y cuando se rompe esa vida, tenemos que reconstruirnos nuevamente, pero desde otro lugar, desde uno mismo, frente a sus hijos, familia, amigos, trabajo y sociedad.

El divorcio, nos exige valentía, generosidad, madurez, y aceptación.

Valentía, porque tomar la decisión de terminar una relación, duele tanto para quien la toma, como para la persona que no habiendo intervenido en esa decisión la involucra.

 

Generosidad, y madurez, porque debemos organizarnos, y pensar en todos los integrantes de la familia, y en las nuevas necesidades que surgirán a partir de este momento, priorizando siempre a nuestros hijos.

Aceptación: tomar una decisión de vida que involucra necesariamente a otros, es el primer paso de un crecimiento personal que requiere sí o sí de evaluaciones previas y honestas con los protagonistas de la historia.

 

Desde hace años trabajo para brindar contención y profesionalismo cuando me consultan por este tema, estableciendo pautas para que su trámite no sea justamente eso, sino un proceso, y que este proceso sea vivido con el mayor de los respetos hacia el otro.

 

Ese respeto hará que aún en los momentos más difíciles  pueda conservarse la ecuanimidad, para lograr acuerdos duraderos en el tiempo, que se vuelvan confiables para ambas partes.

 

Si esto se logra, seguramente y como consecuencia de ello, nuestros hijos estarán más y mejor preparados para comenzar nuevas etapas, aunque el consejo profesional sea que en una etapa inicial conserven en lo posible su centro de vida, como lo es su casa y su colegio.

 

El compromiso personal y profesional de sostener el diálogo siempre, y en cada etapa a atravesar, es crucial, y debemos procurar negociar el aquí y ahora, porque de nada sirve reprochar al otro lo que hizo o dejó de hacer, sencillamente ya no es el momento, sino que es el comienzo de un camino personal,  difícil y desafiante.

 

Un divorcio, es una cirugía a corazón abierto mientras se está despierto. Un buen divorcio, entonces, sirve, para programar y organizar el futuro familiar y personal, nada reparará ni sanará la historia familiar única e irrepetible, pero en todo caso un buen profesional, logrará que esa historia sea respetada.

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