Sobre el enojo del presidente con los empleadores

Por el Dr. Lucas Battiston – Socio de ASB Abogados

Como resulta ya de público conocimiento, el presidente decidió prolongar el aislamiento obligatorio preventivo hasta el día 13 de abril.

En el mismo momento que hizo este anuncio, criticó duramente las decisiones de “algunos empresarios” que en estos días han decidido despidos.

Como resulta ya de público conocimiento, el presidente decidió prolongar el aislamiento obligatorio preventivo hasta el día 13 de abril. En el mismo momento que hizo este anuncio, sosteniendo que la decisión fue tomada en base a lo aconsejado por los expertos que lo asesoran desde el punto de vista sanitario, se refirió por un lado a las ayudas económicas que se han dispuesto para los sectores económicamente más vulnerables y criticó duramente las decisiones de “algunos empresarios” que en estos días han decidido despidos.

Coincido en que la prolongación del aislamiento resulta una medida razonable con el fin de ralentizar la propagación del virus y así posibilitar la atención de todos los que resulten contagiados. Coincido también en la necesidad de atender a los más vulnerables (que en muchos casos no tienen siquiera agua potable para lavarse las manos).

 

Ahora, la pregunta es: ¿resulta razonable en el momento actual apretar aún más a los empleadores? ¿es lógico que en una situación como la actual el presidente haga una velada amenaza sobre quienes decidan un despido?

 

Hasta el momento el Gobierno no ha tomado ni una sola medida de peso para aliviar la situación de los empleadores, y en particular de las Pymes que resultan ser los mayores empleadores del país (ya que generan el 70% del empleo). El presidente en realidad le hablaba ayer a una de las empresas más grandes de nuestro país, que en las últimas horas informó que despediría a 1500 personas con motivo de la crisis económica que ha provocado la pandemia, pero en su “enojo” considero que mezcla situaciones que no son comparables.

 

Como dije antes, no ha habido hasta el momento ni una sola medida seria y de peso para aliviar el momento económico para el gran universo de empleadores que no tienen la espalda de una multinacional. No cabe ninguna duda que otorgar la posibilidad de un crédito (con tasa del 24% y que a la fecha aún no esta instrumentado) para pagar salarios o la mera eximición del pago de cargas sociales para unas pocas actividades (o en el caso de los salarios de quienes ni siquiera trabajan) son medidas totalmente insuficientes para que la

Pyme o el profesional que emplea trabajadores pueda hacer frente a esta crisis. ¿Realmente puede considerarse que tomar un crédito para pagar salarios sea una solución? Es evidente que esto no ataca el problema, que es la falta de ingresos de la empresa, y termina resultando dar una aspirina a quien probablemente esté ingresando en una enfermedad grave. La situación resulta inédita y por ende requiere medidas más fuertes y de mayor amplitud.

 

Si miramos al resto del mundo advertimos que en la mayoría de los países se ha diferido y eximido de impuestos, el Estado ha complementado el pago de salarios, se han lanzado créditos a tasa cero y sobre todo se ha buscado auxiliar al gran colectivo que compone la clase media trabajadora (autónomos o dependientes).

 

En nuestro país poco de eso ha pasado. Reitero, al menos hasta el día de la fecha, no ha existido ninguna comunicación de AFIP sobre la postergación de pago de impuestos, ni de los municipios sobre el cobro de impuestos locales, ni mucho menos de parte del Gobierno para ayudar al pago de sueldos. Muy por el contrario, la postura del Gobierno en relación a los dadores de empleo, ha sido de una alarmante pasividad esperando que sean “las empresas” quienes vean como salir adelante en este momento. Entrecomillo el término “empresas” porque en muchísimos casos en realidad son micro emprendimientos, profesionales autónomos y pequeñas estructuras a los que la total paralización de la actividad les resulta absolutamente insostenible. El presidente entonces pide “ganar menos” a “los empresarios” cuando en realidad en muchísimos casos ya vienen ganando menos hace tiempo y la actualidad económica no les implica ganar menos, sino dar una lenta muerte a su propia empresa o emprendimiento.

 

El buen empleador es quien despide cuando debe despedir y suspende cuando debe suspender. Si bien esto puede parecer una tautología, ciertamente no lo es. Me refiero con esa frase a que el buen empleador no debe abusar de su posición dominante despidiendo cuando puede suspender, pero al mismo tiempo debe evitar caer en una conducta de prodigalidad que implique una suspensión cuando lo que requiere la empresa es un despido. Debemos recordar en este punto que el primer deber del empleador es conservar la existencia de la empresa, ya que sin empresa no hay empleo y sin empleo no hay trabajadores. De tal forma que cuando suspender implica generar un peligro de cierre para la empresa, el deber del empleador es despedir para conservar el resto de las fuentes de trabajo.

 

Considero que este es el principal punto que debería definir la decisión de despedir o suspender. Si la empresa puede subsistir con suspensiones, debe evitarse el despido. Y esta es seguramente la forma de actuar de la mayoría de empleadores (aunque esta claro que siempre habrá quienes abusen de la situación e intenten beneficiarse de un despido por causas económicas). Y es aquí donde el Gobierno debería prestar su mayor colaboración con medidas económicas que tiendan a generar una cierta previsibilidad al empleador para que así opte por una suspensión en lugar del despido. Es obvio que nadie puede saber cuándo terminará la pandemia, o cuándo será que el aislamiento sea flexibilizado y así comience a haber algo de actividad. Pero ello no impide que el Gobierno anuncie, por ejemplo, que mientras dure el aislamiento no se pagarán cargas sociales (en todas las actividades) o que no se pagarán impuestos o que el Estado completará una parte del pago de sueldos. De esta manera se daría al empleador una previsibilidad sobre algo que resulta incierto (la duración del aislamiento) y así retrasar medidas extremas (como lo es un despido).

 

Por otro lado, hasta el momento tampoco hemos visto que el sector público haga esfuerzo alguno. Los empleados públicos pasan el aislamiento en la tranquilidad de que cobrarán su salario de manera completa, sin la posibilidad de un despido (ya que gozan de un régimen de estabilidad absoluta) y al mismo tiempo la política en general no ha hecho siquiera un gesto de ajuste (a excepción de algún senador que ha donado su dieta). Si el presidente pide que seamos solidarios, ¿no debería comenzar “por casa”? ¿Resulta ilógico pedir por ejemplo que los empleados públicos que no cumplen labor alguna en modalidad de teletrabajo (que intuyo son muchísimos) colaboren con una reducción de parte de su sueldo para así redireccionar ese dinero y que el Estado complemente el pago de sueldos de las empresas que se encuentran con su actividad totalmente parada?

 

Y voy más allá: ¿Resulta lógico que el Congreso en este momento no sesione? ¿No podrían hacerlo de manera virtual con los actuales medios de comunicación y tecnología? Considero que quienes son los “representantes del pueblo” deberían en este momento estar al pie del cañón buscando generar leyes que sirvan para paliar esta crisis económica y no guardando estricto aislamiento desde la comodidad de sus casas. ¿O es acaso más esencial que una ferretería o una veterinaria estén abiertas (como permite el decreto 297) mientras el Congreso permanece cerrado? Suponemos que el presidente hablará con alguno de los diputados o senadores, pero no me cabe duda que si al menos sesionaran de alguna manera remota, se promovería un intercambio de ideas que genere soluciones novedosas para este momento.

 

No es el momento de enojarse con quien despide. Desde ya que debe intentarse evitar este tipo de medidas, pero ello se logra con medidas que sirvan de ayudas reales a quienes enfrentan una crisis económica inmensa y posibilitando al empleador que opte por el mal menor (como son las suspensiones del pago de salarios o el pago de un salario menor durante este momento de crisis). El Gobierno debería poner el foco en facilitar esquemas de reducción temporal de salarios por parte del empleador, con la posibilidad de que esa reducción sea complementada con ahorros que puedan hacerse en otras áreas. De esa manera colaboraría genuinamente con la preservación del empleo.

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